La primera semana que viví en Brasil tuve susto.
Buen estreno.
Y me dio una lección sobre el insomnio.
Me fui a dormir y mi compi de piso se quedó en el salón estudiando. Vivíamos las dos solas.
De repente, entró al cuarto y me dijo:
“Inés…
oigo ruidos.”
“Bah, Alba, no será nada. Tranqui.”
Oíamos ruidos siempre, porque cruzaban ratas gigantes por el tejado. Ya eran colegas.
Así que volví a intentar dormir.
Pasaron unos minutos y… escuché los ruidos yo. Y no eran de ratas.
Salí corriendo de la habitación: Alba, tienes toda la ración del muslo. Hay ruidos.
Alguien estaba intentando entrar en casa.
Nos fuimos a la otra punta del piso para llamar a unos españoles que vivían a 10 minutos.
“Uf. Chicas, estamos borrachos. No podemos ir, llamad a la policía.”
“Pues que os den.”
Aquí cuál es el equivalente al 112?
Ni puta idea.
Lo tuvimos que buscar EN LA WIKIPEDIA.
Aún no hablábamos portugués.
Al final nos atendió la policía militar.
No podíamos mantenernos en pie porque nos temblaban las rodillas. Apenas podíamos sujetar el teléfono.
Alarma justificada. Susto justificado. Piernas bien activadas.
Mientras esperábamos a la policía, fuimos a la puerta de entrada para salir corriendo si era necesario.
Oímos que una ventana se abría. Alguien iba a entrar en casa.
Y de repente, sirenas de policía. Escuchamos personas huir corriendo.
Nos llamó por teléfono la policía: oye, nos abrís?
Bueno, más bien Oi, vocês vão abrir para nós?
Por las películas, pensaba que en esas situaciones la policía te tiraba la puerta abajo para rescatarte, pero no, tuvimos que bajar al portal.
Allí estaba la policía militar, armados hasta los dientes, con chaleco antibalas y tal. Unos bigardos de la leche. Un par de Jason Momoas.
Y a su lado, nuestros amigos que apenas se tenían en pie. Al final habían venido a rescatarnos.
No sé si servían ni de elemento disuasorio en ese estado, pero qué majos.
La poli entró a casa apuntando la pistola. Eso sí que fue como las pelis.
Nosotras 1 metro detrás porque somos idiotas.
Vieron que en la ventana, efectivamente, había huellas de manos. Alguien había intentado entrar.
Aquello fue una alarma justificada. Había “daño inminente”. Tuvimos miedo por la noche por si volvían.
Y las noches siguientes.
Ahí es normal no dormir. Estar alerta. Durante unos días, al menos. Luego se tiene que calmar la cosa. Y así fue.
Lo que no tiene ningún sentido biológico es no dormir cuando no hay peligro.
No tiene sentido no dormir a pierna suelta si no te va a atacar nada ni nadie.
Por eso, en algunos de nuestros cursos hablamos de insomnio. Es una parte importante del tema de los síntomas.
Para entender los mecanismos del sueño desde la biología.
Y por qué no tiene sentido dormir con la alerta puesta.
Y cómo razonarlo bien… y hacérselo entender al que se ocupa de apagarnos y encendernos. El cerebro.
Así que si quieres entender cómo funciona el sueño y para qué sirve (y posiblemente, dormir un poquito mejor), apúntate a la lista de correo: