Quién es este neurólogo TOP

Hoy posiblemente empezarás pensando: pues qué rollo, para qué me cuenta esto.

Y luego posiblemente dirás: ah vale. Ya te pillo, Inés.

Voy:

Cuando haces una tesis doctoral (así, durante la merienda), hay dos fases.

Primero, te estudias todo lo que existe sobre un tema concreto, por ejemplo, la influencia del twerking en la estabilidad sísmica.

Te lees todos los artículos científicos que existen, todos los vídeos de youtube, todos los blogs personales, las demás tesis doctorales.

Esa es la primera fase del doctorado: te estudias todo lo que existe y lo replicas.

¿Que alguien inventó un algoritmo que hace X?

Pues usas el algoritmo para tus cosas y compruebas que funciona.

¿Que alguien descubrió un material magnífico que sirve para X?

Pues te compras el material y lo compruebas.

Así hasta que sabes todo y lo has comprobado en tus carnes.

Entonces.

¿De dónde saqué yo la información más útil para mi doctorado?

De blogs y vídeos de youtube.

No de influencers, sino de frikis que hacían experimentos en sus casas con obsesión. Que pensaban por placer.

Y luego te digo el problema de esto.

La segunda fase del doctorado es coger todo ese conocimiento mundial y avanzar más allá.

Inventar algo nuevo.

No solo algo nuevo, sino algo que abra una nueva línea de investigación en sí misma.

Y ahí te pones a escribir artículos científicos con todo lo que vas descubriendo.

Entonces, ¿qué me pasó en esa fase?

Esto entiendo que te la suda, pero es para contarte algo después.

Lo que pasó es que yo había aprendido mucho, muchísimo, de gente con blogs y youtubes y tuiters.

Sus incentivos no eran publicar muchos artículos científicos, sino descubrir y pensar por diversión, por vocación, por ego, por lo que sea.

Y yo quería citarlos en mis artículos científicos, pero los investigadores de alrededor me decían que no.

-Inés, no puedes poner como referencia el blog de este señor. Tienes que citar algún artículo científico.

-Pero es que la información me la ha dado este señor del blog. Sin este señor, no habría llegado a estas conclusiones.

-Pues busca algún artículo que se parezca.

-Mira, me da igual que quede poco serio. Yo he aprendido de este señor y lo voy a poner.

Y así.

Entonces, ¿qué le pasa a Arturo Goicoechea?

Que no se dedicó a escribir artículos científicos.

Se dedicó a levantarse cada día a las 4 de la mañana a estudiar, reflexionar, escribir e interactuar con padecientes y profesionales.

Por lo menos de ahí salieron libros, que sí se pueden poner como referencia.

Pero no sirve para ponerlo en ningún podium de “mejores investigadores” o “neurólogos premium maxi” porque no tiene 687 papers con 12538 referencias, ni se ha sacado fotos con científicos de Harvard, ni ha ido con todo pagado a congresos millonarios de farmaindustria.

Eso sí, cada poco nos escribe algún estudiante diciendo “Holi, estoy escribiendo mi tesis y he aprendido mucho con vosotros, ¿cómo os cito?”

Pero luego su jefe no le dejará citarnos y ya.

Y así sigue la rueda.

Lo bueno de internet es que podemos diseminar la información a nuestra manera. Con estos mails, por ejemplo.

Y con los cursos, que ahí cada frase que decimos está respaldada por ciencias y evidencias.

Es mucho más difícil hacerlo de esta manera, pero bueno, ahí vamos.

Mientras tanto, nuestros padecientes contentos y nuestro negocio a flote, que son las dos cosas que importan.

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