Los síntomas se disipan con información.
Y la acción produce información.
Así que conclusión: haz cosas.
Si no haces cosas, no pasarán cosas.
Cuando hagas algo, se generará información.
Esa información volverá al organismo y pasarán otras cosas.
No las mismas, otras cosas.
A no ser que siempre hagas lo mismo, claro.
En vez de debatir hacia dentro y hacia fuera eternamente, en vez de hacerte mil preguntas, en vez de autosabotearte, solo prueba cosas.
Aunque estén “mal”. Aunque estén a medio hacer.
Porque pasarán cosas.
Y cuando pasen esas cosas, sabrás qué hacer después.
Porque tendrás nueva información.
Eso solo ocurre si antes te lanzas.
No si te encierras en ti. Solo si haces.
La analogía famosa es la de la montaña. Una montaña con niebla densa, opaca. Ves la cima desde abajo, sabes que está ahí, pero el camino no se ve.
Tú empieza a subir. Solo verás 3 pasos por delante, pero tú dale, entra en lo desconocido.
Cuando des 3 pasos, clarearán 3 pasos más. Y así hasta la cima.
La gente que se libra de los síntomas ha tenido la valentía de entrar a esa niebla. Tienen claro que la cima está ahí, la han visto desde abajo, tiene lógica.
Fueron pillando cota y se fueron acercando, y ahora están comiéndose el bocadillo arriba, disfrutando del aire fresco y el paisaje infinito.
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