El otro día mandé un correo sobre la tranquilidad corporal.
Un término que me inventé en ese momento porque lo sentía así.
Y me contestó generosamente Isábena, que tiene nuestros cursos y ha hecho sesiones individuales con Maite:
Hola Inés, yo como ex-padeciente puedo decir que la tranquilidad corporal es sentir el cuerpo silenciado… algo tan simple y tan dificil a veces.
Buf, qué potente.
Sentir el cuerpo silenciado y que no te lleguen mensajes (síntomas) constantes de “oyeeee, oyeeee! Mamiiiiii! Mira mamá!! Miraaaaa!!!”
Porque eso es lo que ocurre en un cuerpo con síntomas.
Le pedí permiso a Isábena para usarlo en algún correo (cuando pongo nombre, siempre es con permiso) y añadió:
jeje sin problema, puedes decir que digo yo esa frase sin problema… es que es tal el disfrute el del sentir el cuerpo silenciado.. que quienes están en la tortura del dolor lo entenderán… yo aún sigo trabajando en esa idea.. en la que como me decía tu hermana, sentir el cuerpo silenciado debería ser lo “normal” y en cuanto aparece una propuesta cerebral equivocada combatirla con todo el conocimiento que tenemos..
Sentir el cuerpo silenciado debería ser lo normal.
NO debería ser normal:
Sentir el cuerpo agarrotado o rígido al terminar el día.
Sentir el cuerpo agarrotado o rígido al despertarme.
Que me duela la espalda después de ir de compras.
Que ver una película movida me provoque vértigos.
Que al tumbarme en la cama en silencio oiga pitidos (y condicionen mi noche).
Que una discusión con un familiar me dé dolor de cabeza.
Esas cosas no son normales. Deberían ser silencio.
Porque hay cosas mucho más interesantes que hacer en el día. Solo que el organismo a veces no nos deja.
Y como dice Isábena, a eso se le hace frente con información.
“Combatir con todo el conocimiento que tenemos”.
¿De dónde se saca ese conocimiento?
De aquí. ¿Y las herramientas? También de aquí: