Hay profesionales que tienen miedo a saltar a la piscina y luego está Susana, de @summitalcudia (Instagram).
Me escribió esto ayer y, por supuesto con su permiso, lo pongo aquí:
Te escribo para decirte que ya estoy acabando el primer grupo de pedagogía del dolor y tengo que daros las gracias porque está yendo muy muy bien. Es un grupo de 12 personas con diferentes síntomas (migraña, dolor lumbar, dolor de hombro…) y todos han experimentado una mejoría notable…Ellos saben que existen las recaídas pero todos han acogido los conocimientos con confianza y saben que disponen de nuevas herramientas para afrontar sus síntomas desde una nueva perspectiva.
Así que no podía dejar de daros las gracias por enseñarme tanto y por ayudarme a encontrar un camino en el que me siento a gusto y por el que sigo y seguiré investigando y dando a conocer.
El mes que viene empiezo otro grupo y estoy segura de que poco a poco iremos avanzando y ayudaremos a más personas.
Nada más, sólo mandaros a los goikos un fuerte abrazo desde Mallorca.
Susana hizo nuestro curso para profesionales, los cursos de dolor y de migraña para pacientes y un par de masterclass que sacamos de vez en cuando.
Y poco después, BAM! Ahí está montando grupos y atendiendo pacientes, sin miedo paralizante.
Y hablando de saltar a piscinas, aquí en el País Vasco tenemos un reality show de supervivencia, El conquistador del Caribe. Programón, por cierto.
De cada capítulo se pueden sacar conclusiones sobre síntomas, cerebro o psicología humana.
En el primer episodio, en la primera prueba, tenían que saltar al mar desde un trampolín de 19 metros.
Todos miraban al trampolín y decían: bah, eso lo salto. Fijo. No hay que dudar, chavales, tenemos que saltar.
Uno muy grandullón parecía confiadísimo.
Empezaron a tirarse los primeros y aquí empezó lo interesante.
Esos bien, pero los siguientes empezaron a cometer errores.
Cayendo de culo, de espaldas, de cara, de lado, con las piernas abiertas… se empezaron a hacer daño de verdad, por mucho gen vasco que hubiera.
Los siguientes cada vez se tiraban con más miedo y por tanto, con más fallos.
El grandullón que iba confiado empezó a desconfiar.
Miró desde el trampolín abajo y dijo UFFFFF NO NO NO, no puedo. Olvidaos, equipo.
Los demás seguían cayendo, algunos a hostia limpia.
El grandullón entró en bucle. Imposible salir en ese momento.
Le intentaban convencer: venga tío, que solo son 2 segundos, tú no lo pienses y ya está.
“No lo pienses y ya está”, como si ese consejo sirviera para algo.
Yo desde el principio pensaba: no va a salir del bucle. En unas horas u otro día quizá, pero en este momento no. No se va a tirar.
Porque lo importante no es convencerle en el momento.
Lo importante es que comprenda el proceso, que practique poco a poco, que empiece en un trampolín de 5 centímetros y vaya subiendo.
Eso hacemos aquí.
No damos pautas de alivio inmediato, porque cuando el síntoma está en todo su esplendor no es el momento de actuar. Hay que actuar antes y después.
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