Estuve una semana en Rusia.
O sea, no ahora, sino en 2012. Ahora jodido.
Fue para un evento sobre mejorar la educación en Europa o algún paripé del estilo.
Estaba todo muy preparado para salir mucho y muy bien en periódicos y la tele. Representar el amor entre Rusia y Europa y tal.
De hecho, tuvimos que hacer un desfile por la calle, cada grupo representando a su país, y los organizadores vinieron donde una chica y yo:
– Oye, tenemos ya muchos españoles, os importa hacer de ucranianas?
Y allí aparecemos en las fotos, haciendo de ucranianas en Rusia. Quién me iba a decir.
Perdón, me voy de tema, es que hay mucha anécdota en ese viaje.
Pero quiero contar ésta, que es una lección sobre síntomas:
Teníamos cena de despedida el último día. Dos chicas y yo íbamos tarde, así que nos pidieron un taxi aparte.
En Rusia los taxis no tienen pinta de taxis, son coches normales con señores muy serios y muy rusos dentro.
Así que salimos del hostal y en la puerta había un coche.
– Taxi?
– 👍
Altamente inteligentes nosotras.
El taxista nos dio palique en ruso (palique unidireccional) y vimos que, en vez de ir cada vez más al centro, íbamos cada vez más a las afueras.
Las afueras de Ekaterimburgo, que no se parecen a las de Donosti.
– A dónde nos llevas?
– она зашла в гугл переводчик, чтобы перевести это
Ahí ya nos empezó a temblar la pierna. Cada vez había menos edificios y menos seres humanos.
El taxista llamó a un amigo suyo que sabía inglés y le puso en altavoz.
“Que os pregunta mi amigo si queréis ir con él y conmigo”
“No. Dile que no queremos.”
“C’mon, c’mon!“
Estuvimos parados en las afueras tipo Blade Runner, en la cuneta, un buen rato. Diciéndole que no y con cara de vascas con mala hostia.
Al final no sé cómo conseguimos decirle que nos llevase de vuelta al hostal.
Total que llegamos al hostal, tembleque en piernas, con toda la alerta puesta. Una de las chicas llorando.
Entramos por la puerta y ¿qué nos encontramos?
A la delegación de Kazajistán de nuestro evento bailando un flash mob. El flash mob más ridículo que he visto en mi vida. En medio del hall.
Con música de las Spice Girls o vete tú a saber.
Las 3 pasamos del llanto a la risa tiradas en el suelo.
Qué jodida risa.
Se nos pasó el susto (y los síntomas: temblor, sudoración) de cuajo. El contexto y la información cambiaron al cruzar la puerta.
Qué bien dormimos ese día. Pura relajación.
Aunque hay maneras mejores de dormir bien. No hace falta que te pseudo-secuestre un ruso primero.
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